30/1/2011

Tarta de Dora la Exploradora

  
Hace meses que mi prima Olivia me preguntó si podría hacerle una tarta de Dora la Exploradora a su hija Rocío en su tercer cumpleaños. Me sentí muy halagada y aunque no tenía muy claro cómo me las iba a apañar... le dije que contara conmigo. Pues bien: hoy es el gran día.


El caso es que las tartas con fondat o pasta de azúcar resultan muy vistosas, como la que hice de Bob Esponja, que fue mi primera (y hasta el momento única) tarta decorada, pero en mi opinión no están demasiado buenas. Lo que sucede es que el fondat es una especie de chuche masticable durilla (imaginaos, está hecho con nubes y azúcar glas) que, no sé si será por una simple cuestión de falta de costumbre, pero se hace raro de masticar a la vez que el bizcocho. Y no se pueden hacer muchas virguerías con el bizcocho, porque como suelte muchas migas o esté húmedo o tenga crema, irá todo a pringar el fodant, seguro, es una de las pocas certezas en esta vida.


Decidí preparar ayer un riquísimo pastel de dulce de chocolate, para luego ponerle una pequeña Dora hecha en fondat sentada encima o algo así... pero esta noche me desperté y empecé a imaginar a Rocío esperando una tarta con una enorme Dora... así a las 4 de la mañana me levanté para sacar huevos y  mantequilla de la nevera para hacer una segunda tarta (es el rollo de hacer bizcochos: el tener que sacar con mucha antelación los huevos y la mantequilla de la nevera para que tomen temperatura ambiente). Utilicé la misma receta para el bizcocho que la del pastel de dulce de chocolate. De modo que ahora tendrá dos tartas: una de Dora y otra muy rica.


A lo que más vueltas le di es a qué molde utilizar para hacer la cara en forma de balón de rugby de esta criatura. Al final elegí uno rectangular y tuve la (no muy brillante) idea de poner papel albal en la base haciendo algo la forma, para no tener que recortar luego mucho bizcocho sobrante. El papel albal acabó flotando por mitad del pastel durante el horneado, por suerte lo vi a través del cristal e hice lo que NUNCA se debe hacer durante el horneado de un bizcocho, excepto en casos de vida o muerte como este: abrir el horno y sacar el molde. Pesqué el papel albal, lo tiré a la basura, devolví el molde al horno y crucé los dedos. Pero ese fue sólo el principio...

A ver... al sacarlo caí en que había olvidado engrasar el molde. Dice Julián que no me preocupe, que con la práctica no me ocurrirán estas cosas ¡con la práctica! Si cocino más que duermo. No, no, no, me pasarán esta y otras muchas cosas porque soy una despistada sin remedio, y lo tengo asumido, sólo puedo escribirme cosas en las manos con boli, hacerme cientos de chuletas con negritas y subrayados, y ponerme avisos en Outlook para tratar de paliarlo un poco (todavía no necesito llevar mi nombre y dirección anotados en un papel en el bolsillo, toco madera). Pero soy una chica con recursos ;-P y tras el obligado momento de congoja y autocompasión frente a un montón de trozos de bizcocho rotos y desmigajados imaginé una pasta moldeable, una pasta cohesiva ¡con queso Philadelphia! Puse el bizcocho roto y desmigajado en la Kitchen Aid junto con una tarrina de queso y batí hasta conseguirlo ¡perfecto! pude modelarlo a mi gusto sobre el plato con ayuda de una plantilla de la cara de Dora que me había imprimido en A4.


El fondant lo hice yo misma con nubes, con esta receta de fondant casero, pero quedó bastante durillo. Con ayuda de Crisco y fuerza bruta conseguí reducirlo, teñirlo y estirarlo. Y con la plantilla en A4 de Dora lo recorté. No quise detenerme en separar las nubes rosas de las blancas, lo hice todo junto, así que para los ojos puse al fondant colorante blanco; no ha quedado blanco nuclear pero ¡vamos! ¿quién tiene la esclerótica totalmente blanca? (he tenido que buscar lo de "esclerótica" en internet, glups). El pelo fue lo peor... con esa forma era casi imposible de extenderlo a menos que hubiera tenido muchísima cantidad de fondant (que no era el caso), así que lo moldeé sobre el bizcocho-pasta-de-queso con cuidado, como si fuera plastilina. Aún así quedó alguna grietecilla, que luego disimulé con glaseado. Porque siempre que hago glaseado, congelo los restos ¡y me vienen genial para casos como estos! Si hubiera tenido que ponerme a hacerlo, creo que habría ido a una pastelería a por una tarta de Dora y la habría hecho pasar por mía. Así que los bordes del pelo y los ojos, así como la nariz y la boca, y la parte negra del pelo, están dibujadas con glaseado; todo lo demás es fondant.

Ya sabéis: si yo he podido, cualquiera puede. Sólo hacen falta paciencia, imaginación y ganas, muuuuchas ganas.

Edito después de la fiesta de cumple: ¡estaba rica! se la han terminado casi todos los niños y a los adultos y a mí misma nos ha parecido muy buena. Creo que repetiré el invento del queso Philadelphia...

20/1/2011

Pastel con dulce de chocolate

  
Ingredientes:

Bizcocho:
175 g mantequilla a temperatura ambiente
175 g azúcar glas
3 huevos batidos
75 g Golden Syrup
50 g harina de almendra
175 g de harina leudante
1 pizca de sal
50 g cacao en polvo
150 g agua

Glaseado:
225 g chocolate negro troceado
50 g azúcar demerara
225 g mantequilla a temperatural ambiente
50 g leche evaporada
1/2 cucharadita de esencia de vainilla

Glaseado: Poner todos los ingredientes en un cazo de fondo grueso. Calentarlos a fuego lento, sin dejar de remover, hasta que se hayan fundido.
Verter el glaseado en un cuenco y dejar que se enfríe. Taparlo y refrigerarlo durante 1 hora o hasta que se pueda untar.

Bizcocho: Precalentar el horno a 180 º C. Engrasar dos moldes (base y lateral) de 18 cm. de diámetro. Batir la mantequilla (con palas planas o mariposa) a velocidad 3 unos 3 minutos (bajar con la espátula lo que se quede pegado en laterales y palas tantas veces como sea necesario), hasta que esté a punto de pomada. Bajar a velocidad 1 e ir añadiéndole el azúcar glas a cucharadas. Cuando esté integrada, batir a velocidad 3 un minuto. Bajar de nuevo a velocidad 1 y añadir los huevos. Añadir el Golden syrup y la harina de almendras. Batir a velocidad 1 hasta que esté homogéneo.
Tamizar en otro cuenco la harina, la sal y el cacao. Añadir a la mezcla anterior. Verter unos 150 g de agua hasta obtener una masa de consistencia fluida. Verter la mitad de la masa en cada molde, aplanar bien las superficies y hornear unos 25 minutos, hasta que al pinchar el centro con un pincho metálico este salga limpio.
Dejar enfriar los bizcochos en los moldes durante un par de minutos y a continuación volcarlos sobre una rejilla metálica para que se enfríen completamente.
Poner algo menos de la mitad del glaseado sobre un bizcocho, poner el otro bizcocho encima y untar la parte superior y los laterales del pastel con el resto del glaseado.


Trucos / consejos / comentarios:

Esta receta es del libro "Paso a paso, repostería y panadería".

En mi caso el Golden Syrup lo compré en un súper de Turre (Almería) porque allí hay bastantes turistas ingleses y es más fácil encontrar estos productos, pero también lo tienen en tiendas especializadas.

Para el bizcocho utilicé cacao Valor del que sirve para hacer chocolate a la taza. Para el glaseado chocolate Valor en gotas 70% en la primera ocasión que hice la tarta, y cobertura Valor de chocolate puro (en tableta) la segunda vez (la de las fotos)... creo que me quedo con la primera y su sabor más intenso.

El glaseado quedó espectacular, tanto de aspecto como de textura y sabor. Me encantó que al comerlo notaba los grumitos del delicioso azúcar demerara (a falta de este se puede utilizar azúcar moreno) y eso es gracias a que al mezclarlo directamente a la vez que la mantequilla y el chocolate, el azúcar no llega a fundirse. Por cierto que temí que se endureciera en la nevera pero no, al cabo de una hora aún está cremosa; la removí un poco antes de untarla porque por fuera estaba más dura (por estar más fría) que por dentro. Pensé que era mucha cantidad en relación con el bizcocho pero no, es perfecto, ya que no resulta nada empalagoso.

Probé en dos ocasiones a hornear toda la masa en un sólo molde y luego dividirlo horizontalmente a la mitad con un cortatartas, pero se quedaba algo duro por arriba, menos hecho por dentro y poco esponjoso. Así que aunque es más rollo hacerlo así, finalmente he mantendo la indicación del libro de hornear en dos moldes; yo, como sólo tengo un molde de 18 cm., horneo primero la mitad y luego la otra mitad.






Me ha encantado este pastel, y les ha encantado a todos los que lo han probado ¡hasta a Daniel! que es antidulce total (a veces me pregunto qué fue de mis genes).

Paso a paso repostería y panadería

  
Este libro tiene unas recetas con una pinta tremenda y está lleno de fotos (algo que a mí me encanta) no sólo del resultado final, sino también de los ingredientes y del paso a paso. Costaba 10,95 € en Fnac.


Casi todas las recetas son dulces, pero hay alguna salada como el pan de soda con pesto y aceitunas.

14/1/2011

Galletas decoradas: Alicia en el país de las Maravillas

  
Hace ya meses que quería hacer galletas de:


¡Y al fin encontré el momento! Adoro el libro, sus personajes, su ambiente onírico y por supuesto la última película, del genial Tim Burton.

Decidí utilizar como modelo para mis galletas los fantásticos dibujos de una artista fabulosa, Danita. No dejéis de visitar su blog. La descubrí hace un año y me enamoré totalmente de sus ilustraciones, son una auténtica maravilla:



Utilicé para ellas el mismo formato que usa Danita en alguna de sus obras: un naipe, que me sirvió de plantilla para recortar las galletas antes de hornearlas:





Mis preferidos son el sombrerero loco, con sus puntitos en los pantalones, y el conejito con sus mejillas y orejas sonrosadas:





            
  Welcome to the tea party


























9/1/2011

Chocolate moderno de Pedro Álvarez

  
Este ha sido uno de mis regalos de Reyes. Es un libro escrito por Pedro Álvarez, de Pancracio:


Me hace especial ilusión que venga con una dedicatoria de mi hijo Daniel, que es tan dulce e inocente que ni siquiera así sospecha que hay algo turbio en todo este asunto de los tres magos de Oriente que le visitan cada año.

Es un libro fantástico, no podía dejar de hojearlo, ver fotos y leer recetas. Desde ese mismo momento estaba impaciente por probar casi todas.